15 mar. 2010

Breve y predecible elogio a la locura


Y al final que sabio es el loco que vive en las calles disfrutando de la compañía de la ciudad que al verlo siente un miedo o una compasión mal encaminada. Ya que tiene la libertad que todos ellos desearían al menos por un día sentir.
Y siempre se pone ansioso pidiendo algún billetito para darse sus gustos, como cualquier bestia salvaje los tiene pero en menor medida que cualquiera que lee este blog o que lo escribe. Ya que él renuncia a una vida de lujos, hornallas y nevera que le conserve la leche sin cuajar.
Cuando tiene hambre se compra un pack de salchichas que comerá crudas y un sachet de la leche mas barata que tomará en el momento. Los devora como si fuera una cena en un cinco estrellas. y nosotros tirando la ensalada de zanahorias con palmitos y salsa golf porque ni siquiera hicimos el gesto de guardarla en la heladera durante la noche de navidad.
Con el distinto valor que cada cual da a las cosas no se nos ocurre el daño que nos hace poseer y estar siempre cuidando de nuestros objetos, que nadie los toque, convencidos que se acercan por interés, mirando a todos de reojo. Que se queden solos con sus tesoros, yo me voy al campo donde cualquier sutileza nos llena de gozo. Y si vienen mas locos, mejor.

2 comentarios:

Valèrie dijo...

¡Me sumo al loco y me voy para el campo!

PD: Estuve aproximadamente dos minutos dándoles de comer a esos pececitos virtuales :P

pepetelepata dijo...

del campo, paso ... de las salchichas pasa mi hígado y los objetos no los toco porque no los tengo... me gustó la idea de que los locos se vayan al campo, y que se los aguanten las vacas,a ver si le ponen onda y sirven para algo más que para ser asado

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