24 feb. 2010

Cuatro breves pero detalladas circunstancias


-En el consultorio, la aguja entrando en la encía, el aullido sofocado cuando la pinza mueve o intenta mover la muela. Tensos todos los músculos del cuerpo. Imposible quitársela, vuelva otro día.

-En un restaurante de comidas tipo autoservicio, una gran mesa repleta de manjares avinagrados y postres amargos. Un hombre de más de cien quilos se detiene complacido ante la pila de tomates Cherry. Apoyarlos cuidadosamente, uno sobre la ensalada rusa y otro sobre el vithel tonnet, experiencias que parecen provocarle una sensación mágica. Además es una trampa, los pequeños frutos rojos cubren las calorías, distraen al cónyuge reprobador.

-Dormir en la cama de los padres es un sacrilegio maravilloso. No suele ser una noche apacible. Existe durante todos los sueños la paranoia de que van a entrar ellos, irrumpir en su propio espacio y van a encontrar a unos intrusos liados bajo las sábanas. El sueño se repite con diferentes características, sobresalta cada vez. La influencia paterna es a veces demasiado fuerte, ejerce sobre sus víctimas como algo que aplasta.

-La vecina es una joven simple, natural. De esas personas que carecen de originalidad, incapaces para manejar el sarcasmo. En su existencia no va a haber cambios bruscos ni extravagancias. Sucederá todo en forma correcta y lineal.
Posee en cambio de una capacidad para irrumpir en mi cotidianeidad muy eficaz. La estridencia del sonido que produce al caminar, gracias a sus durísimos tacos. (era distinto quizás mejor, ver de ultima cuaderno) Puedo saber con exactitud el lugar donde sse encuentra o si llega a casa y sube las escaleras. Pega unos martillazos contra los escalones dignos de una bailadora pero caóticos, sin ritmo. Cada llegada de la vecina es un estruendo, una tormenta electrica incontrolable. El único capaz de ser oído durante el escándalo es el cocker griton bilú. Viven torturando a todos desde una ventana y tiene un ladrido agudísimo. Creo que escribo esta incomoda situación para tomarmela a broma y no permitir que me afecte mas de lo que lo hace.

1 comentario:

Valèrie dijo...

¿Imposible quitarsela? ¡Pero que dentista más sádico!

Genial la de los tomatitos :P

La influencia paterna me rompió el alma hace dos noches. ¡Y qué gran fantasía es robarles la cama para darles rienda a mis pecados! Mmm...

Y los vecinos ruidosos...son un fastidio. Si usted no me cree, pregúntele al maldito tartamudo que vivía en el piso de arriba de mi pasado departamento por qué demonios intento suicidarse tirandose del segundo piso hacia mi patio, entrometiéndose por la puerta de mi cocina pegandome un susto de aquellos, cuando sabía de antemano que nulas eran las posibilidades de quitarse la vida saltando de un maldito segundo piso a la planta baja!

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