24 feb. 2010

Buscando inútilmente un porro que voló con el viento


¿Quién me creería que puede encontrarse placer en buscar obsesivamente un objeto? Con una minucia detectivesca descubro el mundo nocturno que existe en los recovecos de mi terraza, debajo y detrás de las muchas macetas o entre el hueco de algunas baldosas. Un sinfín de engaños, chauchas disfrazadas del objeto buscado o cualquier ramita. Mi pequeña linterna le da un protagonismo breve a cada uno de esos espacios que para el mundo son indiferentes e irrelevantes pero para mi, en este instante único, deben ser explorados con detectivesca y hábil inspección. En algunas partes desoigo a mi coherencia cuando me grita que el objeto pesaba mucho para haber volado tan lejos. Y detestando la posibilidad de que un ser vivo haya sido autor de la desaparición en lugar de quien fue realmente acusado, el viento. Me cuesta pero decido que buscar bajo la lluvia al amanecer entre las macetas en cuclillas con una birome-linterna es una actitud completamente irracional y ridícula por lo tanto abandono la misión y me recuesto para describirla detalladamente, lo cual es nuevamente, esa mala costumbre que tengo de ponerme en ridículo por escrito y revelar vergüenzas que:

a-No dejan enseñanza alguna.

b-No llegan a ser graciosas ni relevantes.

c-Dan una mala imagen de mi persona.

d-Deberían al menos ser muestras de un virtuosismo literario y no lo son.

e-Aburren y nadie ha llegado a este punto del texto ya que lo abandonan en el tercer o quinto renglón.

f-Dan muestra clara de cuan enferma puede estar la mente de una persona.

g-Hablan de cuanto malgasto mi tiempo actuando así y luego, encima, escribiendo sobre ello.

h-Se corre nuevamente el riesgo de que la gente culpe de mi irracionalidad al consumo de marihuana lo cual seria en realidad ridículo ya que el objeto no ha aparecido, pero siempre es un riesgo y estos se pueden evitar.

i-Se debería incluir en el punto e: que es un recurso ridículo y poco relacionado con el genero del texto en si el uso repentino de párrafos que se inician con sucesivas letras del abecedario para decir muchos detalles respecto a la misma idea que fue escrita anteriormente con dos puntos finales. Y ya todo el que haya llegado a leer hasta aquí, incluso yo misma que deliro o escribo, hemos olvidado por completo esa idea.

Y sin embargo spendo, quiero decir, derrocho, malgasto energías en búsquedas inútiles que no me llevaran a tesoro alguno. Intuyo que lo debo llamar juego de las escondidas. Mi esperanza era hallarlo porque sus encantos serian mayúsculos. Sin embargo sabía que en una lata específica se hallaba guardado un segundo ejemplar muy similar e incluso más limpio y en mejor estado que el que finalmente desisto de encontrar. Y no puedo evitar aceptar que no cedí por mi propia volunta sino que tuvo que mediar una “llamada de atención” de mi querido P que sale a la terraza disimulando su objetivo y camina en silencio a mi lado hasta que yo misma entro convencida y avergonzada.

Y no me arrepiento ya que me devuelve al mundo que tanto se disfrutar, a la conciencia de la inexplicable situación en la que estaba eligiendo pasar el momento y mi error puesto que este no es tan infinito como para… ¿De que hablo? Presiento que me he vuelto loca. Entonces busco una postura cómoda para seguir escribiendo, lo cual es menos fácil cuando uno tiene el cuerpo enorme.

3 comentarios:

Valèrie dijo...

¡Pero que maldito es el viento y que bueno que hayas tenido uno de repuesto! :P Fue muy divertido leer tu monólogo quejoso producto de una picardía del viento...

quichicientos dijo...

efectivamente la enumeración, ¿o eletración? da a entender que te fumaste uno y te re colgaste!!!
jajaja pero qué garrón perder uno...

VENUS dijo...

jaja tal cual fue un garron.

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