19 ago. 2010

In the street


A mi izquierda el mendigo, compartiremos tres cuartos de hora mientras espero. Las costuras de la ropa a la vista, gorrita y botella de agua casi vacía, se da vuelta a mirarme.
Pasa un adolescente picando la pelota, hace un estruendo terrible. Quizás por eso el mendigo trata de arrebatársela. Luego me pide un cigarro y le veo los ojos, no son enfermos ni viejos, podrían ser de cualquier persona.
Mientras escribo esto, interrumpe escupiendo el resto de agua cerca de mis pies. Comienza una alarma que taladra los tímpanos, el mendigo levanta la vista contrariado, ya empieza a llegarme su olor a orina. Toma agua y esta vez no la escupe.

3 comentarios:

Tino dijo...

La vida de cualquier mendigo esta plagada de pequeñas y grandes historias desgarradoras y quizas alguna, muy olvidada en cualquier rincon de su cerebro, que le hizo sonreir.

Esas vidas envueltas en olor a orina y a estercolero, tambien tienen corazon!!.

Saludos amiga.

Curiyú dijo...

Como dijo Tino, las historias de los mendigos son desgarradoras. Esa es la palabra. Sumidos en una discriminación brutal, no parece existir camino de fuga a ese estado terrible.
Un abrazo.

mexcalero dijo...

orines o agua, es lo mismo para ellos, :) generalmente pretender regresar el alcohol a la sangre

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